Prathamaḥ paṭalaḥ (Jñāna) · Verso 68
हेयं सर्वमिदं यस्य मायाविलसितं यतः ।
heyaṃ sarvamidaṃ yasya māyāvilasitaṃ yataḥ |
Quien percibe que todo esto —el juego de māyā— debe ser abandonado, ese yogui ve ciertamente el ātman por medio del ātman, en el ātman. Cuando el puruṣa se libera de todas las limitaciones (upādhi), es inteligencia indivisa y unidad pura.
La liberación de los upādhi como condición para la visión no-dual. Las limitaciones no son el cuerpo, el nombre o la casta en sí mismas: son la identificación con ellas. El yogui que reconoce el juego de māyā no abandona su nombre o su cuerpo, sino el peso de identidad que les atribuye. Y en ese soltarse, emerge la inteligencia indivisa que siempre estuvo presente.
Heyam (lo que debe ser abandonado) califica todo el universo fenoménico como objeto de renuncia, no en el sentido de huida física sino de desidentificación. Māyāvilasita (el juego de māyā, el deporte de la ilusión) sugiere ligereza: no hay un mal a combatir sino un juego a reconocer como tal. Nikhilopādhihīna (libre de todos los upādhi, sin ninguna limitación) describe el estado de liberación.
La figura del yogui que ha renunciado a las distinciones de casta, individualidad y estado es la del jīvanmukta —el liberado en vida— que aparece en el Jivanmukti Viveka de Vidyāraṇya y en el Yoga Vāsiṣṭha. El Śivasaṃhitā ubica esta figura al comienzo mismo del texto, antes de cualquier práctica técnica, para recordar que la meta es una transformación del ser, no una acumulación de técnicas.