Prathamaḥ paṭalaḥ (Jñāna) · Verso 73
स हि कामयते पुरुषः सृजते च प्रजाः स्वयम्।
sa hi kāmayate puruṣaḥ sṛjate ca prajāḥ svayam|
Ese Puruṣa (Señor) desea, y por sí mismo crea las criaturas. La cualidad del éter es el sonido; del aire, el movimiento y el tacto; la forma es la cualidad del fuego; el sabor, del agua. El olfato es la cualidad de la tierra.
El deseo divino como motor de la creación, seguido inmediatamente de la asignación de cualidades sensoriales a los elementos. Esta yuxtaposición no es casual: el universo creado por el deseo divino es un universo de sensaciones. La creación no es un acto abstracto sino la manifestación de un campo experiencial donde el sonido, el tacto, la forma, el sabor y el olfato estructuran toda posibilidad de contacto.
Kāmayate (desea, tiene el deseo de) y sṛjate (crea, emite) describen los dos momentos del acto creador: la voluntad y su ejecución. Prajāḥ (las criaturas, los seres) son el resultado de ese deseo. Las cualidades elementales —śabda (sonido), sparśa (tacto), rūpa (forma), rasa (sabor), gandha (olfato)— corresponden cada una a un elemento y, a su vez, a un órgano sensorial específico.
La correspondencia entre elementos y cualidades sensoriales es fundamental en la filosofía Sāṃkhya y en la medicina Āyurveda. En el yoga tántrico, esta correspondencia se extiende al cuerpo sutil: cada cakra se asocia con un elemento, una cualidad sensorial, un sentido y una capacidad de acción. El conocimiento de estas correspondencias permite al yogui trabajar con los elementos directamente a través del cuerpo y la respiración.