Dvitīyaḥ paṭalaḥ (Microcosmos) · Verso 6
वर्ततेऽहर्निशं सोऽपि सुधां वर्षत्यधोमुखः ।
vartate'harniśaṃ so'pi sudhāṃ varṣatyadhomukhaḥ |
En este cuerpo llamado Brahmāṇḍa, la luna —que vierte néctar con su rostro vuelto hacia abajo— actúa sin cesar, día y noche.
La luna interior que destila néctar es una de las imágenes más poderosas y recurrentes del Haṭha Yoga. Situada en la cima de la columna vertebral, esta luna no es una metáfora decorativa sino una realidad fisiológica sutil: una fuente de amṛta que fluye constantemente hacia abajo, alimentando y manteniendo vivo el organismo. Su orientación descendente (adhomukha) explica por qué el fuego digestivo —situado más abajo— la consume gradualmente.
Sudhā (néctar, ambrosía) es sinónimo de amṛta, el fluido de la inmortalidad. La luna (candra) en la fisiología tántrica corresponde al polo frío y nutritivo del cuerpo, ubicado en el paladar o en la región del bindu en la parte posterior del cráneo. Aharniśam (‘día y noche’, ‘sin interrupción’) enfatiza que este proceso es continuo e involuntario, independiente de la conciencia ordinaria del practicante.
Una de las metas declaradas del Haṭha Yoga es invertir este flujo descendente mediante técnicas como viparītakaraṇī (la postura invertida) o khecarīmudrā, que ‘sella’ el paladar para que el néctar no se desperdicie. El Haṭhapradīpikā dedica pasajes extensos a este tema. Comprender este verso es comprender la lógica subyacente a buena parte del arsenal técnico del yoga clásico.