Caturthaḥ paṭalaḥ (Mudrā) · Verso 61

नाभिस्थवह्निर्जन्तूनां सहस्रकमलच्युतम्।

nābhisthavahnirjantūnāṃ sahasrakamalacyutam|

El fuego que mora en el ombligo consume el néctar que emana del loto de los mil pétalos; el yogui que conoce esto debe siempre preservar su bindu, pues verdaderamente los seres nacen y mueren a causa del bindu.

Este verso describe con precisión la fisiopatología sutil que el Jālandhara-bandha corrige: el nābhistha vahni —el fuego gástrico que reside en el ombligo— normalmente consume el amṛta que gotea del sahasrakamala (el loto de los mil pétalos en la coronilla). Esta «combustión» del néctar vital es la causa fisiológica del envejecimiento y la muerte según la cosmovisión tántrica.

Sahasrakamala —«el loto de los mil pétalos»— es el sahasrāracakra, la cúpula craneal donde convergen todos los sistemas de energía del cuerpo sutil. El término cyuta (que fluye, que cae, del verbo cyut-, gotear, fluir) describe el movimiento descendente del amṛta que, sin el Jālandhara, es capturado por el fuego umbilical antes de poder ser asimilado por la conciencia. La práctica invierte esta dinámica: el bandha cervical actúa como represa.

El conocimiento de que «los seres nacen y mueren a causa del bindu» (jāyate mriyate loke bindunā) sitúa al bindu como el factor determinante de la existencia condicionada. Este principio tiene implicaciones cosmológicas —el bindu como el punto de condensación primordial de la conciencia en materia— y prácticas: toda la estrategia del hatha yoga tántrico puede leerse como un intento de revertir la «caída» del bindu, de restituir la gota al océano de la conciencia pura.