Pañcamaḥ paṭalaḥ (Dhyāna) · Verso 185

सन्तताभ्यासयोगेन सिद्धो भवति मानवः । सत्यं सत्यं पुनः सत्यं मम तुल्यो भवेद्ध्रुवम्।

santatābhyāsayogena siddho bhavati mānavaḥ | satyaṃ satyaṃ punaḥ satyaṃ mama tulyo bhaveddhruvam|

Por la práctica continua del yoga, el ser humano alcanza la perfección; ¡satyam, satyam, nuevamente satyam!: ciertamente se vuelve igual a Mí.

La triple afirmación «satyam satyam punaḥ satyam» (verdad, verdad, nuevamente verdad) es una fórmula śaiva de garantía absoluta. Cuando el propio Śiva jura tres veces la veracidad de una enseñanza, trasciende el plano de la instrucción ordinaria para convertirse en promesa cósmica. La práctica continua (santata-abhyāsa) transforma al ser humano ordinario (mānava) en igual de Śiva.

Santata significa continuo, sin interrupciones, abhyāsa la práctica sostenida, mānava el descendiente de Manú (el ser humano), siddha perfeccionado/logrado, tulya igual o equivalente. La igualdad con Śiva (mama tulya) no implica arrogancia sino la realización de la naturaleza fundamental: que la diferencia entre jīva y Śiva era provisional, una nube que oscurece el sol pero nunca lo extingue.

La doctrina de que el humano puede «volverse igual a Śiva» (śiva-tulya) es característica del Śaivismo tántrico y se diferencia del advaita vedanta, donde el jīva «se convierte en Brahman» completamente. En el śaivismo de Cachemira y la tradición del Śiva-saṃhitā, hay una tensión creativa entre la identidad absoluta y la pervivencia de la devoción: el yogui es igual a Śiva en esencia, pero la relación devoto-dios no desaparece del todo.