Pañcamaḥ paṭalaḥ (Dhyāna) · Verso 32
यः करोति सदाभ्यासं चात्मानं विन्दते परम्।
yaḥ karoti sadābhyāsaṃ cātmānaṃ vindate param|
Quien practica esto constantemente halla, al fin, al Ser supremo: el yogin perseverante obtiene la liberación.
Este verso enuncia la promesa central de toda la sección de pratīkopāsanā: la práctica constante (sadābhyāsa) de la meditación sobre la propia imagen lleva, inevitablemente, al descubrimiento del paramātman —el Ser supremo—. El adverbio sadā (“siempre”) no permite excepciones ni pausas cómodas: la práctica debe penetrar todos los estados de conciencia, vigilia, sueño y sueño profundo, hasta convertirse en el telón de fondo permanente de la existencia.
Vindate —“halla”, “encuentra”, de la raíz vid (“saber”, “encontrar”)— es el mismo verbo que aparece en la célebre fórmula aham brahmāsmi de las Upaniṣads. Encontrar el paramātman no es un descubrimiento externo sino un reconocimiento: lo que se halla ya estaba, siempre presente bajo la capa de los saṃskāra. La práctica no crea el Ser; lo desvela.
El vínculo entre práctica sostenida y liberación (mukti) es la columna vertebral de la soterología yóguica. El Yogasūtra llama abhyāsa a esta práctica continua y la define junto al vairāgya (desapego) como los dos pilares del yoga. La contribución específica del Śivasaṃhitā es señalar que incluso una práctica tan concreta como la pratīkopāsanā —ver la propia imagen en el cielo— puede ser el vehículo hacia la realización más alta.