Pañcamaḥ paṭalaḥ (Dhyāna) · Verso 34

निरन्तरकृताभ्यासादन्तरे पश्यति ध्रुवम्।

nirantarakṛtābhyāsādantare paśyati dhruvam|

Mediante la práctica ininterrumpida, el yogin ve con firmeza la imagen en el interior; y este perseverante obtiene la liberación.

El tránsito de la práctica exterior —ver la sombra en el cielo— a la práctica interior —ver la imagen dentro— marca la maduración de la pratīkopāsanā. Nirantara —“sin intervalos”, “continuo”— es el calificativo decisivo: el abhyāsa que produce resultados duraderos es aquel que no tolera interrupciones largas. Antare paśyati —“ve en el interior”— indica que la imagen visualizada exteriormente se ha interiorizado completamente, pudiendo convocarse sin condiciones externas.

Dhruvam —“firmemente”, “de manera inamovible” (también nombre de la estrella Polar)— subraya la estabilidad de esta visión interior. No es una percepción fugaz que aparece y desaparece; es una aprehensión estable del propio ser sutil. Esta firmeza de percepción interior es prerequisito del samādhi: la mente que puede ver su propia imagen sin fluctuación ha desarrollado la capacidad de absorción (dhāraṇādhyāna) necesaria para el estado más profundo.

La progresión en la pratīkopāsanā —de ver la sombra en el cielo a verla dentro del corazón— sigue la estructura general del yoga de los textos clásicos: de lo exterior a lo interior, de lo grueso a lo sutil, de lo condicionado a lo incondicionado. Esta pedagogía de internalización aparece también en el Pratyabhijñāhṛdayam del Kashmir Śaivismo, donde el reconocimiento del Ser sigue un proceso similar de gradual interiorización.