Pañcamaḥ paṭalaḥ (Dhyāna) · Verso 45

नासनं सिद्धसदृशं न कुम्भसदृशं बलम्।

nāsanaṃ siddhasadṛśaṃ na kumbhasadṛśaṃ balam|

No hay āsana igual a Siddha, no hay poder igual al kumbhaka, no hay mudrā como la Khecarī, y no hay absorción igual a la del nāda.

Este es uno de los versos más célebres del Śivasaṃhitā, una cuádrupla declaración de supremacía que sitúa cuatro prácticas en la cima de sus respectivas categorías. Siddhasana —la postura del siddha— es coronada sobre todas las demás posiciones; el kumbhaka —retención del aliento— como la más poderosa de todas las fuerzas; la khecarīmudrā —el sello de la que vuela en el espacio— como la más excelsa de todas las mudrā; y el nāda —el sonido interno— como la vía más directa hacia la absorción final.

Siddha (“perfecto”, “realizado”) nombra una postura que en el Haṭhapradīpikā se describe como la más eficaz para la samādhi: el talón presiona el yoni (perineo) mientras el otro pie reposa sobre el muslo, creando una circulación específica del prāṇa. Kumbhaka —de kumbha, “cántaro” o “vasija”— describe el aliento retenido como agua guardada en un recipiente cerrado. Khecarī —“la que vuela en el espacio (khe)”— es la mudrā en que la lengua se repliega hacia la cavidad nasofaríngea.

La jerarquía de este verso refleja la organización pedagógica del haṭhayoga clásico: primero el āsana para estabilizar el cuerpo, luego el prāṇāyāma (kumbhaka) para dominar el prāṇa, luego las mudrā para despertar la kuṇḍalinī, y finalmente el nāda para disolver la mente. El Śivasaṃhitā, al declarar el nāda supremo en la categoría de laya, está afirmando la preeminencia del layayoga como puerta final hacia el samādhi.