Praśna Upaniṣad · 1..9
संवत्सरो वै प्रजापतिस्तस्यायने दक्षिणमुत्तरं च तद्ये ह वै तदिष्टापूर्ते कृतमित्युपासते ते चान्द्रमसमेव लोकमभिजयन्ते त एव पुनरावर्तन्ते तस्मादेता ऋषयः प्रजाकामा दक्षिणं प्रतिपद्यante एष ह वै रयिर्यः पितृयाणः
saṃvatsaro vai prajāpatistasyāyane dakṣiṇaṃ cottaraṃ ca tadye ha vai tadiṣṭāpūrte kṛtamityupāsate te cāndramasameva lokamabhijayante ta eva punarāvartante tasmādeta ṛṣayaḥ prajākāmā dakṣiṇaṃ pratipadyante eṣa ha vai rayiryaḥ pitṛyāṇaḥ
El año, en verdad, es Prajāpati. De él hay dos caminos: el meridional y el septentrional. Aquellos que se dedican a sacrificios y obras piadosas, creyendo que esto es lo que debe hacerse, ellos conquistan sólo el mundo lunar; ellos, en verdad, retornan otra vez. Por eso estos ṛṣis que desean prole se dirigen al camino meridional. Este, en verdad, es Rayi, el camino de los padres.
Aquí se introduce una doctrina central: los dos caminos (dakṣiṇāyana y uttara-ayana). El año simboliza el ciclo de nacimiento y muerte, y sus dos trayectorias solares representan dos destinos espirituales.
Dakṣiṇāyana — el camino meridional, el Pitṛyāṇa (camino de los padres/manes). Quienes siguen este camino son los que buscan realización a través de ritos, sacrificios y obras (karma-kāṇḍa). Alcanzan el mundo lunar (cāndra-loka) pero retornan a la tierra. El deseo de prole (prajā-kāma) los mantiene en el ciclo de renacimiento.
Uttara-ayana — el camino septentrional, el Devayāna (camino de los dioses). Este es para quienes practican tapas, brahmacarya y meditación. Alcanzan el sol y no retornan.
La distinción es crucial para el yogui: no todas las prácticas espirituales conducen al mismo destino. Las obras meritorias sin conocimiento nos mantienen en el ciclo (saṃsāra). Solo el conocimiento del Ser (ātma-jñāna) libera definitivamente.