Praśna Upaniṣad · 4..4
यदुच्छ्वासनिःश्वासावेतावाहुती समं नयतीति स समानः मनो ह वाव यजमान इष्टफलमेवोदानः स एनं यजमानमहरहर्ब्रह्म गमयति
yaducchvāsaniḥśvāsāvetāvāhutī samaṃ nayatīti sa samānaḥ mano ha vāva yajamāna iṣṭaphalamevodānaḥ sa enaṃ yajamānamaharaharbrahma gamayati
Las dos oblaciones, la exhalación y la inhalación, que lleva igualmente — eso es Samāna. La mente, en verdad, es el sacrificador. El Udāna es el fruto del sacrificio, porque conduce cada día al sacrificador a Brahman.
La respiración es el sacrificio continuo. La exhalación (ucchvāsa) y la inhalación (niḥśvāsa) son las dos oblaciones (āhutī) ofrecidas al fuego vital.
Samāna — la respiración equilibrante — lleva (nayati) igualmente (samam) estas dos. Es el hotṛ (sacerdote que ofrece), el que mantiene el equilibrio.
Manas — la mente — es el sacrificador (yajamāna), quien realiza el sacrificio. Es la mente quien dirige la respiración, quien intenciona, quien sostiene la práctica.
Udāna es el fruto (phala) del sacrificio. Cada día, en el sueño profundo, udāna conduce (gamayati) al sacrificador (la mente/jīva) a Brahman — el reposo en el Ser. El sueño es una muerte pequeña (sveda-mṛtyu), un anticipo de la gran muerte y de la liberación.
Para el yogui: la práctica de prāṇāyāma es el sacrificio (yajña) que produce como fruto el conocimiento de Brahman.