Tṛtīyaḥ paṭalaḥ (Sādhana) · Verso 1
अथ योगानुष्ठानपद्धतिर्योगाभ्यासवर्णनम्। हृद्यस्ति पङ्कजं दिव्यं दिव्यलिङ्गेन भूषितम्।
atha yogānuṣṭhānapaddhatiryogābhyāsavarṇanam| hṛdyasti paṅkajaṃ divyaṃ divyaliṅgena bhūṣitam|
Ahora, descripción del método de práctica del yoga y del ejercicio yóguico. En el corazón existe un loto divino, adornado con el signo divino.
El tercer capítulo de la Śivasaṃhitā inaugura su exposición sobre la práctica yóguica situando el punto de partida no en el cuerpo físico, sino en el corazón sutil. El hṛd o corazón espiritual es la sede del loto de doce pétalos, cada uno inscrito con sílabas sánscritas que representan cualidades o energías específicas del ser. La práctica comienza aquí, en este espacio interior luminoso.
El término paṅkaja —literalmente «nacido del lodo»— designa al loto, símbolo universal de pureza emergiendo de la materia densa. El adjetivo divya (divino, luminoso) se aplica tanto al loto como al liṅga que lo adorna, sugiriendo que este centro cardíaco no es una mera metáfora anatómica sino una realidad sutil accesible mediante la meditación. Los doce pétalos corresponden a las consonantes ka hasta tha del alfabeto sánscrito.
En la tradición del yoga tántrico, los cakras se describen sistemáticamente mediante sus pétalos y letras correspondientes. El anāhata cakra, el centro cardíaco de doce pétalos, aparece con notable consistencia en textos como la Ṣaṭcakranirūpaṇa y el Haṭhapradīpikā. Comenzar la instrucción práctica desde este centro refleja la importancia que la Śivasaṃhitā otorga a la dimensión devocional y emocional de la práctica.