Tṛtīyaḥ paṭalaḥ (Sādhana) · Verso 97

एवमभ्यासयोगेन कामदेवो द्वितीयकः ।

evamabhyāsayogena kāmadevo dvitīyakaḥ |

A través del yoga de esta práctica, [el yogin] se convierte en un segundo Kāmadeva. El svastikāsana, también llamado sukhasana, la postura fácil: este svastikāsana beneficioso debe ser guardado en secreto por el yogin.

Un segundo Kāmadeva: la imagen se repite y se profundiza. Kāmadeva, el dios del amor y la belleza que fue incinerado por la mirada de Śiva y luego resucitado como Ananga (el sin-cuerpo), es el símbolo de la belleza que trasciende la forma física. El yogin que se convierte en «un segundo Kāmadeva» ha logrado lo que Kāmadeva perdió cuando fue quemado por Śiva: la capacidad de irradiar kāma (deseo, amor, atracción) desde un cuerpo que es simultáneamente físico y sutil.

El svastikāsana como sukhasana —postura fácil, cómoda— revela su naturaleza paradójica: la postura más simple es también la más universal y la que mejor sostiene la meditación prolongada. Sukha (comodidad, placer, facilidad) en el yoga clásico no es relajación sino la ausencia de tensión innecesaria: la postura perfecta es aquella que el practicante puede mantener indefinidamente sin esfuerzo, sin la distracción de la incomodidad física.

El secreto del svastikāsana —«debe ser guardado en secreto por el yogin»— sorprende por tratarse de una postura aparentemente trivial. El secreto no está en la forma de la postura sino en la práctica completa que el svastikāsana posibilita: las técnicas de khecarī, vāyusādhana y dhāraṇā que se practican en él. El recipiente es simple; lo que contiene es de valor incalculable.